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La Cabaña

Autora: Marilé Coronel
Seudónimo: Marilé53

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En un momento de la vida un hombre y una mujer se encontraron. Deambulaban solos y abatidos por la lucha diaria entre hermanos. Impotentes ante la envidia y maldad que existen en este mundo, unieron sus manos y oraron al Señor, para que los sacara de este lugar y fuesen conducidos a otro, donde habitaran en comunión, amor, paz y felicidad. Comenzaron a caminar, y de pronto vieron un túnel, donde una luz muy fuerte brillaba intensamente. Avanzaron y cuando salieron se encontraron con una hermosa aldea, virgen y desolada, llena de sol, la vegetación se veía frondosa y un pequeño arrollo que rodeaba todo el lugar… ¡ se parecía tanto a lo que habían soñado! Se escuchaba el correr de las aguas transparentes por un riachuelo, y el cantar melodioso de los pájaros. De pronto apareció un ángel y les dijo: “me manda el Señor, les traigo ropa y herramientas, van a tener que trabajar mucho, suerte!!!! Y en su despedida añadió: Ah! Cerca de aquí hay un pequeño pueblo, donde encontraran los elementos esenciales para la vida, pero recuerden que están en otro mundo muy distinto al que conocieran… Dios los ayudara”, dicho esto, se alejó en un ascenso permanente hasta confundirse con los cielos. Se miraron asombrados, y una mezcla de miedos y alegrías les invadió en ese instante: ¡Al fin estaban en el lugar deseado. Debían comenzar la tarea, pero ¿por donde y como?
- Abriremos las cajas dijo él; y así emprendieron la nueva vida. Sacaron la ropa, y los elementos apropiados para trabajar.
Él tomó el hacha y el machete y se dirigió al monte en busca de troncos para hacer construir “LA SOÑADA CABAÑA”, ella tomó las tijeras y partió en busca de lianas para atar los troncos.
Al anochecer volvieron cada cual con su cargamento; ya tenían todo para comenzar a construir su nuevo hogar, pero estaban tan cansados que comieron unos ricos frutos y se acostaron sobre improvisados lechos, armados con hojarascas “¡era tan linda aquella noche serena!” que se durmieron contemplando la belleza del lugar, y la luz tenue de la luna.
Despertaron al alba… un hermoso sol rojo asomaba en el horizonte. Había que comenzar la tarea; buscaron un buen lugar para plantar la cabaña, y trabajaron sin descanso hasta el anochecer en el que habían terminado ya, la pequeña pero hermosa vivienda. Al día siguiente harían los muebles. Entre las cosas que les mandara el Señor había solamente una cocina a leña. Al levantarse, él la colocó en su lugar, y comenzó a hacer la mesa y los bancos de madera dura para la cocina, luego iría construyendo todo lo que fuere necesario. Ella salió a buscar leña, y entre tantas hierbas encontró una planta de “yerba”, volvió y encendió la cocina, calentó agua e improvisó un mate, una masa con harina y agua, fue hacia donde estaba su esposo y desayunaron. Mientras él seguía con su tarea ella salió otra vez a la pradera mirando lo que podía encontrar para hacer la comida. Encontró acelga, unos ricos tomates, frescos y sabrosos frutos, improvisó una caña de pescar para conseguir algunos peces, y así preparó un frugal almuerzo. Pasaron los días y una vez organizando el hogar, todo estaba listo para disfrutarlo. Decidieron ir al pueblo en busca de algunos animales, compraron gallinas, patos, algunos chanchos, una vaca y semillas, dos caballos, uno marrón para ella y para él, uno negro. Por el camino encontraron una paloma herida y una perrita, a las que cargaron y continuaron el viaje. Pasaron los días, la paloma sanó, y se quedó con ellos. La perrita, era la gran mimosa de ella, mientras la paloma revoloteaba sobre él.
La huerta se reprodujo, los animales se multiplicaban, y con esa paz, tan deseada, las ganas de vivir se fortalecían día a día. Transcurrieron los años, hasta que un anochecer, sentados en la galería contemplando la ida del sol, comprendieron que el Señor les dio todo lo que le pidieron y ellos (ingratos) recordaron que no le habían agradecido. Tomados de las manos hicieron una oración y prometieron que nunca cambiarían, y entonces si, fueron plenamente felices. Abrazados y en paz, fueron bendecidos, por el resto de sus vidas

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